Australia puso en marcha una norma pionera que limita el acceso a cuentas de redes sociales para menores de 16 años, vigente desde el 10 de diciembre de 2025. Tres meses después hay datos preliminares y encuestas que sugieren cambios, pero la historia todavía está lejos de estar completa.

Un primer paso: cuentas eliminadas y trucos para saltarse el control

La Comisión de Seguridad en Línea de Australia informó inicialmente que las plataformas habían eliminado 4,7 millones de cuentas relacionadas con menores de 16 años en diciembre. Esa cifra incluye cuentas duplicadas e inactivas, por lo que no representa con precisión cuántos jóvenes quedaron realmente sin acceso.

Además, hay evidencia de que algunos jóvenes están evitando los controles de edad. Datos de empresas de control parental muestran que el uso entre menores bajó sólo de forma marginal en los primeros tres meses tras la entrada en vigor.

Los padres observan efectos positivos (y algunos negativos)

Una encuesta online de YouGov realizada del 12 al 14 de enero, con 1.070 adultos, recoge experiencias de padres con hijos de hasta 16 años:

  • 61% de los padres vieron entre dos y cuatro efectos positivos en sus hijos.
  • 43% notaron más interacciones en persona.
  • 38% dijeron que los chicos estaban más presentes y comprometidos en esas interacciones.
  • 38% también informaron de mejoras en la relación padre-hijo.

Pero no todo fue bien. El 27% de los padres observó que sus hijos se mudaron a plataformas alternativas menos reguladas, y el 25% detectó una reducción en la conexión social online, la creatividad o el apoyo entre compañeros.

La encuesta mostró además que dos terceras partes de los adultos creen que una mayor implicación parental ayudaría a que la medida funcione mejor, y un 56% señaló que una verificación de edad más estricta incrementaría su efectividad.

Limitaciones importantes de los datos

Es necesario ser conservadores al interpretar estos resultados. La encuesta de YouGov no especificó qué proporción de la muestra eran padres ni la edad exacta de sus hijos. Además, al realizarse durante las vacaciones de verano, el uso de redes sociales tiende a variar y puede haber influido en las respuestas.

Otro punto clave es que la encuesta refleja lo que ven los padres, pero no incluye suficientes voces de los propios jóvenes ni confirma si los cambios sucedieron entre quienes realmente perdieron sus cuentas.

Estudios en curso y datos más detallados

Hay estudios académicos en marcha que buscan una imagen más precisa. Uno de ellos utiliza tecnología de medición pasiva para registrar cuánto tiempo pasan los jóvenes en distintas aplicaciones, además de encuestas tradicionales.

Antes de la entrada en vigor de la norma, ese estudio reunió datos de 171 jóvenes. Esos datos de base muestran que la narrativa de “todos los adolescentes están en contra” no es cierta: un 40% de los jóvenes de 13 a 16 años eran favorables o indiferentes a la ley.

También aparecen percepciones interesantes sobre el uso del tiempo: ver vídeos cortos fue la actividad más frecuente, aunque solo el 16% consideró que era un buen uso de su tiempo.

Evaluación oficial y seguimiento a largo plazo

La Comisión de Seguridad en Línea está preparando una evaluación amplia de la ley, en colaboración con laboratorios académicos y un grupo asesor. La evaluación tendrá un diseño longitudinal de al menos dos años y seguirá a más de 4.000 jóvenes de entre 10 y 16 años junto con sus padres o cuidadores.

El estudio incluirá muestras suficientes de grupos específicos, como jóvenes de zonas rurales y personas neurodivergentes, para analizar si la restricción tiene impactos desiguales. También rastreará directamente el tiempo dedicado a cada aplicación y los momentos del día en que se usan.

Las plataformas tecnológicas se enfrentan a multas de hasta 49,5 millones de dólares australianos si no cumplen la ley. En muchos casos la presión reputacional puede ser tan relevante como el coste económico.

Lo que realmente importará: evolución a medio y largo plazo

Los efectos más claros probablemente se verán dentro de años y no en meses. Es posible que la medida tenga más impacto sobre las nuevas generaciones cuyos padres decidan no dar permiso para crear cuentas, y que cambie las normas sociales sobre la edad adecuada para tener un teléfono con redes sociales.

En resumen, hay señales tempranas de beneficios y también evidencias de problemas técnicos y de desplazamiento a plataformas menos reguladas. La evaluación continua y los datos longitudinales serán la clave para entender si esta ley logra proteger a los jóvenes o si solo cambia el escenario donde ocurre la interacción digital.