Un presupuesto militar a lo grande

La Casa Blanca ha sacado a la luz un plan presupuestario que coloca el gasto militar en una escala, digamos, ambiciosa. El presidente Donald Trump sostiene que Estados Unidos está a punto de cumplir sus objetivos en la guerra de un mes contra Irán, aunque el documento publicado el viernes parece ir por separado de una petición de fondos adicional que se espera para financiar la campaña en Oriente Próximo.

El Gobierno prevé que el Congreso apruebe un presupuesto base de defensa de 1,15 billones de dólares a través del proceso anual de asignaciones. Sería la primera vez que esa partida supera el billón. Además, la Casa Blanca quiere apoyarse en la reconciliación legislativa para sacar adelante otros 350.000 millones de dólares, una estrategia arriesgada cuando las mayorías republicanas son tan ajustadas que cualquier tropiezo cuenta doble.

Y, por si faltaba tensión política, el cálculo es sencillo: inflar el gasto en defensa mientras se recorta el gasto interior puede salir caro en las elecciones de medio mandato, sobre todo si los votantes terminan asociando al partido con las consecuencias militares y económicas de la guerra con Irán.

Lo que la Casa Blanca quiere comprar

La Administración ha presentado su presupuesto como “histórico” por su apuesta por la fuerza militar convencional. En la lista de prioridades figuran el escudo antimisiles Golden Dome de Trump y un acorazado previsto como Trump-class battleship, dentro de la llamada “Golden Fleet” de la Marina.

La Casa Blanca sostiene que el aumento supera la acumulación militar de la era Reagan y que se parece a los incrementos de gasto de Estados Unidos anteriores a la Segunda Guerra Mundial. En su comunicado, calificó la petición de 1,5 billones de dólares como una cifra que “reconoce el entorno global de amenazas actual y restaura la preparación y la letalidad” de las fuerzas armadas.

Entre las partidas concretas, el plan reserva 66.000 millones de dólares para la construcción naval de la Marina, con la compra de 34 buques de guerra y embarcaciones de apoyo. Trump también propone una subida salarial escalonada para los militares, de hasta un 7 % para los reclutas alistados de menor rango, además de más fondos para aumentar la producción de misiles de alta gama y sistemas de defensa antiaérea.

La otra mitad del presupuesto

Mientras pide un aumento histórico para el Ejército, la Casa Blanca también quiere un recorte del 10 % en el gasto no militar, con una reducción propuesta de 73.000 millones de dólares en programas federales ajenos a la defensa.

Los principales objetivos del tijeretazo son programas medioambientales en varias agencias federales. Entre ellos, la eliminación de 15.000 millones de dólares en subvenciones para iniciativas como la tecnología de energías renovables y de 4.000 millones en fondos de transporte para programas que apoyan la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos.

A medida que altos cargos de la Administración Trump hablan cada vez más de fraude en los incentivos fiscales y en programas de la red de seguridad social como Medicare, el presupuesto presidencial plantea crear una División Nacional contra el Fraude para ayudar al Departamento de Justicia a frenar lo que la Casa Blanca describe como un problema “desenfrenado y generalizado”.

El plan también recomienda eliminar 1.600 millones de dólares en programas de investigación de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, y pide al Congreso que encuentre 45 millones en ahorros recortando los programas de energía renovable del Departamento del Interior. A eso se suman otros 642 millones de reducción en lo que la Casa Blanca llama instituciones financieras internacionales “woke y derrochadoras” dentro del presupuesto del Tesoro.

Más recortes, menos matices

El borrador, elaborado por el director de presupuesto de la Casa Blanca, Russ Vought, propone eliminar las iniciativas de vivienda justa que siguen activas en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, así como el Community Development Financial Institutions Fund, que financia a bancos comunitarios y a otras entidades que prestan a zonas tradicionalmente desatendidas por el sistema bancario.

También pide que el Congreso deje a cero la financiación de la agencia del Departamento de Comercio que impulsa a las empresas propiedad de minorías y del National Endowment for Democracy, que promueve la libertad en países gobernados por regímenes autoritarios que chocan con los intereses de Estados Unidos.

Como recordatorio de que la maquinaria presupuestaria federal no es precisamente un modelo de puntualidad, este marco fiscal de Trump llega con meses de retraso por segundo año consecutivo. El año pasado, los legisladores republicanos siguieron pidiendo a Vought detalles clave hasta bien entrado el verano.