Una noche de rock, con sermón incorporado
Bruce Springsteen ya había avisado de que su gira Land of Hope and Dreams American Tour de 2026 con la E Street Band iba a ser política. En la noche inaugural, celebrada el martes en Minneapolis, cumplió con la promesa sin demasiadas sutilezas, que a estas alturas tampoco iban a ser necesarias.
A lo largo de un concierto de tres horas y 27 canciones, el músico repartió cuatro discursos muy directos entre tema y tema. Sí, hubo bastante más rock que charla, pero la idea no era precisamente ofrecer una vía de escape. Springsteen quiso dejar claro hacia dónde cree que se encamina el país bajo el presidente y su administración.
Tras abrir con una oración “por nuestros hombres y mujeres en servicio en el extranjero” y dedicar el espectáculo a la “celebración y defensa de los ideales americanos”, arrancó con una versión de “War”, el clásico antibélico de Edwin Starr que ya había recuperado en 1983 y que no interpretaba en gira desde entonces.
El primer gran discurso: guerra, inmigración y justicia
A partir de ahí, sus comentarios mezclaron referencias que ya había hecho en los últimos meses, como en el acto de No Kings en el área de Minneapolis/St. Paul el fin de semana anterior, con nuevas frases igual de encendidas. También estaba presente su carga contra la administración Trump, a la que había calificado de “traidora” durante su gira por Reino Unido el año pasado.
La parte más dura llegó a mitad del show, después de que terminara una retransmisión en directo gratuita de las dos primeras canciones, “War” y “Born in the USA”.
Springsteen subió el tono para hablar de lo que describió como “tiempos muy oscuros”:
- denunció una guerra “inconstitucional e ilegal” que pone en riesgo la vida de jóvenes estadounidenses;
- criticó la detención y deportación de inmigrantes sin el debido proceso, hacia “países extranjeros y gulags foráneos”;
- acusó al Departamento de Justicia de haber renunciado a su independencia;
- señaló a la fiscal general, Pam Bondi, a quien reprochó seguir las órdenes de una Casa Blanca corrupta, perseguir enemigos percibidos del presidente, encubrir sus abusos y proteger a sus amigos poderosos.
También apuntó a los multimillonarios, a quienes culpó de abandonar a los niños más pobres del mundo tras el desmantelamiento de USAID.
Su lista siguió con críticas a la ruptura con la OTAN, al deterioro del orden internacional, a las amenazas dirigidas a vecinos y aliados y a los intentos de blanquear la historia estadounidense en museos. “¿Queréis hablar de gente sensible? Tenemos un presidente que no soporta la verdad”, dijo.
Después cargó contra la corrupción en torno a la familia presidencial y aseguró que el mandatario y los suyos se están enriqueciendo con miles de millones de dólares gracias al uso del cargo público. Según Springsteen, la Casa Blanca está destruyendo la idea de Estados Unidos y su reputación en el mundo, hasta convertir al país, a ojos de muchos, en una nación “temeraria, imprevisible y depredadora”.
Llamamiento final: valores, unidad y resistencia
Springsteen cerró esa parte del discurso con una defensa bastante clásica de lo que considera los valores fundamentales del país: honestidad, honor, humildad, compasión, reflexión, moralidad, fuerza y decencia. Insistió en que esas ideas siguen importando y que el cambio no vendrá de los líderes electos, sino de la ciudadanía.
“¿Estáis con nosotros?”, preguntó varias veces.
La banda enlazó entonces con “My City in Ruins”, una canción que nació pensando en Asbury Park, luego adquirió un nuevo significado tras el 11-S en Nueva York y ahora funciona como una lectura nada sutil de una América fracturada.
Recuerdo de Renee Good y Alex Pretti
Springsteen mencionó en dos ocasiones a los activistas asesinados en las Ciudades Gemelas, Renee Good y Alex Pretti. Hacia el tramo final del concierto, se sentó en un escalón al borde del escenario y explicó qué le había llevado a montar una gira que, en la práctica, surgió de forma casi improvisada tras esas muertes, ocurridas a poca distancia del Target Center poco más de dos meses antes.
“Son tiempos difíciles, pero saldremos adelante”, dijo. “Somos estadounidenses. Pero creo, sé, que para mí la parte más dura de todo esto es sentir la distancia entre los vecinos, entre los conciudadanos. Y esa distancia puede oscurecer el alma”.
Añadió que el país nació y se construyó a partir del desacuerdo, pero que eso no debería impedir reconocer la humanidad común, la dignidad compartida y, sí, la unidad. Luego habló de las últimas palabras de Good, captadas en vídeo cuando hablaba por la ventanilla de su coche con el agente del ICE que la mató poco después: “Eso está bien, colega, no estoy enfadada contigo”.
“Que Dios la bendiga. Esta noche, cuando volváis a casa, abrazad a los vuestros”, pidió. “Y mañana, haced como hizo Renée: buscad una forma de actuar con firmeza, pero sin violencia, para defender los ideales de este país”.
También citó a John Lewis y su llamada a “meterse en algún buen lío”, animando al público a decir algo o hacer algo, o incluso a cantar algo si hacía falta. Springsteen admitió que entendía la sensación de impotencia, desesperanza, traición, frustración o rabia, y explicó que precisamente por eso estaba allí la E Street Band.
“Esta gira no estaba planeada. Estamos aquí esta noche porque necesitamos sentir vuestra esperanza y vuestra fuerza, y queremos traer un poco de esperanza y de fuerza para vosotros”, dijo. Cerró con un deseo de bendición para Good, Pretti, el público y Estados Unidos.
El grupo remató el espectáculo, de unas tres horas, con “Chimes of Freedom” de Bob Dylan, otra canción nacida en tiempos de conflicto civil. Springsteen, por si alguien seguía esperando neutralidad, tampoco iba a fingirla.
Un pulso que venía de antes
Antes del arranque de la gira, Springsteen ya había dicho al Minnesota Star-Tribune que estaba preparado para la reacción negativa de la derecha por el tono político del tour y por cualquier cosa que dijera durante el mismo.
“Mi trabajo es muy simple: hago lo que quiero hacer, digo lo que quiero decir y luego la gente puede decir lo que quiera sobre ello”, afirmó. “No me preocupa perder a esa parte de mi público. Siempre he tenido una idea muy clara del papel que jugamos culturalmente, y sigo profundamente comprometido con esa visión de la banda. La reacción adversa forma parte del paquete. Estoy listo para todo eso”.
Springsteen ya había mencionado la muerte de Good en “Streets of Minneapolis”, una canción de protesta contra el ICE que publicó el 28 de enero. La interpretó por primera vez en público el 30 de enero en un concierto benéfico Defend Minnesota en el club First Avenue, junto al organizador Tom Morello, que participa en la nueva gira como guitarrista invitado.
Un conflicto con historial
La tensión entre Springsteen y Trump venía de bastante antes de los recientes tiroteos vinculados al ICE. En mayo de 2025, el músico abrió una gira internacional en Mánchester con un discurso en el que habló de una “administración corrupta, incompetente y traidora” que disfrutaba de forma cruel del sufrimiento de los trabajadores estadounidenses leales. También la acusó de abandonar a aliados clave y alinearse con dictadores frente a quienes luchan por su libertad.
Durante la gira europea, repitió versiones muy parecidas de ese mensaje cada noche. En la derecha hubo quien pensó que no se atrevería a hacer lo mismo en territorio estadounidense. Pues bien, ya tenemos respuesta.
Trump, por su parte, respondió el año pasado llamando a Springsteen “muy sobrevalorado”, “un tipo nada talentoso”, “un pesado y un imbécil insoportable” y “una ciruela pasa seca”. La diplomacia presidencial, como siempre, a la altura del cargo.