Europa está asistiendo a una estampida de solicitudes para conectar nuevos centros de datos impulsados por IA. El problema no es tanto producir electricidad como moverla hasta donde la necesitan esos centros. Y mover energía resulta que es más complicado que enchufar un móvil.
El cuello de botella: la red, no la generación
Expertos en utilities coinciden en que Europa probablemente podrá generar la energía necesaria. Lo que falta, en muchos casos, es la infraestructura para transportarla. En Inglaterra y Gales, National Grid tiene solicitudes de conexión que suman más de 30 gigavatios. Eso equivale a dos tercios de la demanda máxima de Gran Bretaña. Aunque no todos los proyectos se materialicen, hoy no hay suficiente capacidad para aceptar a tantos consumidores grandes.
Proyectos que se caen y presión regulatoria
La espera para obtener permiso de conexión ha provocado la cancelación de proyectos de centros de datos, y con ello se debilitan las ambiciones europeas por captar parte del gasto masivo que la industria de la IA demanda. Autoridades como Ofgem han avisado que las solicitudes han crecido por encima de las previsiones y han empezado a preparar reformas para reducir peticiones especulativas y acelerar las conexiones.
¿Construir líneas nuevas? Lento y caro
Levantar nueva infraestructura de transmisión es la solución evidente, pero también la más paciente. Dependiendo del proyecto, construir nuevas líneas puede llevar entre 7 y 14 años. A eso hay que añadir cuellos de botella de planificación, objeciones legales, problemas en la cadena de suministro y falta de mano de obra. Además, la geografía del Reino Unido complica las cosas: mucha generación renovable está en Escocia y el norte, y la demanda, incluida la de los centros de datos, está al sur. Por último, zonas costeras y terrenos difíciles limitan por dónde pueden pasar las líneas.
Trucos para exprimir más la red
Mientras se construyen nuevas líneas, los operadores intentan exprimir más capacidad de lo que ya hay. Entre las medidas que prueban se cuentan:
- Cambiar materiales de los conductores para aumentar la conductividad.
- Desviar energía alrededor de circuitos congestionados con equipos de control.
- Controlar en tiempo real la energía que circula en función del clima y otras variables.
- Incentivar flexibilidad en el consumo de los centros de datos para que reduzcan picos o usen baterías locales.
Dynamic line rating, la estrella del momento
Una de las soluciones más prometedoras es el llamado dynamic line rating o DLR. Es un sistema de sensores que ajusta la cantidad de energía que puede circular por una línea en función de las condiciones meteorológicas. En días fríos y ventosos la línea se enfría y aguanta más energía sin peligro de que se deforme, por lo que su capacidad aumenta.
Según un estudio de la UE, aplicar tecnologías que mejoran la red como DLR podría incrementar la capacidad hasta un 40 por ciento en teoría. National Grid planea desplegar DLR en muchos de sus circuitos más cargados en los próximos dos años, pero por ahora solo lo ha aplicado a 275 km de líneas. Como explican desde la compañía, se avanza con cuidado: si se prueba demasiado rápido, hay riesgo de que se vaya la luz.
Limitaciones prácticas
No todo son soluciones milagrosas. En olas de calor, cuando los centros de datos demandan más energía para refrigerarse, la capacidad de la red tiende a bajar. Es decir, la demanda sube justo cuando la red rinde menos. Además, las normas actuales impiden que operadores como National Grid cuenten formalmente con la flexibilidad ofrecida por algunos centros de datos a la hora de planificar conexiones.
En los últimos cinco años, National Grid estima que ha ganado 16 GW de capacidad combinando tecnologías de mejora de red y sustitución de conductores antiguos. Aun así, la empresa admite que a largo plazo hará falta más infraestructura física. Según su plan, en cinco años será necesario aumentar el flujo de energía por la red, lo que exige construir más líneas aéreas.
Qué pueden hacer reguladores y operadores
Ofgem trabaja en reformas para filtrar las solicitudes especulativas y ha advertido con sanciones financieras a operadores que no mejoren su capacidad ni cumplan plazos de conexión. La idea es priorizar proyectos viables y descongestionar la cola de conexiones para que los centros de datos serios se puedan enchufar lo antes posible.
Conclusión
La presión de la IA ha dejado claro que no basta con generar electricidad. Hacen falta redes más inteligentes, normas que permitan valorar la flexibilidad de los grandes consumidores y, a la larga, más infraestructura física. En palabras de uno de los responsables del sector, no existe una solución única. Habrá que aplicar un poco de todo y esperar menos paciencia de la que suele pedir la infraestructura eléctrica.