El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resumió la situación con un gesto mínimo: según él, Moscú "podría estar ayudándoles un poco". El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, respondió que la cooperación militar con Rusia es "buena". Entre ambas valoraciones hay coincidencia en la existencia de apoyo, aunque el alcance real sigue siendo materia de debate.

Ojos en el cielo

Informes apuntan a que Rusia estaría facilitando a Irán datos satelitales e inteligencia sobre la localización de buques y aeronaves estadounidenses. Esos datos probablemente provienen del sistema Liana, que sigue siendo el conjunto de satélites espía rusos plenamente operativo, según expertos en programa espacial y militar ruso.

El sistema Liana fue diseñado para vigilar grupos de portaaviones y otras fuerzas navales con fines de identificación de objetivos, explicó el investigador Pavel Luzin.

Rusia también ayudó a desarrollar el satélite iraní Khayyam, lanzado en 2022 desde Baikonur. El satélite pesa alrededor de 650 kg, opera a unos 500 km de altitud y tiene resolución de aproximadamente un metro. En teoría Moscú puede recibir y procesar imágenes ópticas de Khayyam y combinar esa información con datos de sus propios satélites.

Teherán ha hecho públicas reclamaciones sobre ataques a buques estadounidenses, como la supuesta huelga al portaaviones Abraham Lincoln, que el Pentágono calificó de "ficción pura". En otro caso la prensa iraní habló de un incendio masivo en un destructor mientras reabastecía, situación sobre la que Washington no hizo comentario público.

Armas y apoyo mutuo

Durante décadas Rusia ha suministrado a Irán equipos militares por valor de miles de millones: sistemas de defensa aérea avanzados, aviones de entrenamiento y de combate, helicópteros, vehículos blindados y rifles de precisión, entre otros.

Desde que comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel a finales de febrero, según el antiguo subjefe del Estado Mayor ucraniano Ihor Romanenko, Moscú ha seguido apoyando a Irán con "inteligencia, datos, expertos y componentes" para armamento. No existe, eso sí, una cláusula de defensa mutua formal entre ambos países y Rusia no ha intervenido directamente en el conflicto.

La ayuda ha sido de ida y vuelta. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, Irán envió a Rusia munición, proyectiles de artillería, armas de fuego, misiles balísticos de corto alcance, cascos y chalecos antibalas.

Drones con cometas

Los drones kamikaze Shahed han sido una pieza clave en los ataques recientes. Son baratos y simples, pero dañinos cuando se lanzan en masa. Ucrania aprendió a derribarlos en grandes cantidades y desarrolló interceptores baratos, tecnología que ahora comparte con algunos países del Golfo.

Moscú modernizó Shaheds en su guerra con Ucrania, dotándolos de mayor velocidad, cámaras, sistemas de navegación y en ocasiones módulos de inteligencia artificial. Esos avances han regresado a Irán en algunos casos.

Un ejemplo destacado es el uso de un módulo de navegación ruso llamado Kometa-B, que actúa como bloqueador antijamming. Un dron que contenía ese componente fue relacionado con un ataque a una base británica en Chipre a principios de marzo, según informes periodísticos. La combinación de drones reales y señuelos para agotar defensas aéreas es una táctica que Rusia ha puesto en práctica en Ucrania y que ahora puede servir a ataques en el Golfo, según funcionarios occidentales.

El secretario de Defensa británico, John Healey, comentó que no sorprendería pensar que la mano de Putin está detrás de algunas tácticas iraníes. Sin embargo, varios analistas apuntan que si Irán sufre escasez de drones, la utilidad práctica de la asistencia rusa, incluida la información satelital, sería limitada.

Expertos como Nikita Smagin han dicho que Rusia suministra datos y que esos datos ayudan, pero no de forma decisiva. Investigadores observan además una caída en la intensidad de los ataques aéreos iraníes: tras operaciones con hasta 250 drones diarios a principios de marzo, los lanzamientos se redujeron a cerca de 50 por día, según el investigador Nikolay Mitrokhin.

Motivos y límites de la ayuda rusa

Moscú no parece buscar necesariamente una victoria militar total para Irán. Varios analistas sostienen que el conflicto beneficia a Rusia, sobre todo por el impacto en los precios del petróleo. El general Romanenko apunta que el aumento del precio del crudo hace a Putin más capaz de sostener su propio esfuerzo bélico en Ucrania.

El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz y los ataques a la navegación han empujado el precio del Brent por encima de 100 dólares por barril en semanas recientes. Eso llevó a decisiones como la suspensión temporal de ciertas sanciones sobre el petróleo ruso exportado, para mitigar efectos económicos. También se han reportado cambios en rutas de envío, con cargamentos rusos desviándose según demanda.

Para analistas como Ruslan Suleymanov, la ayuda rusa actual se parece más a un gesto diplomático que a un apoyo destinado a cambiar el curso del conflicto. Sirve para mostrar a Teherán que Moscú no lo abandona, aun cuando no exista un compromiso militar directo.

Teherán, por su parte, sabe que el respaldo ruso no iguala fuerzas con Estados Unidos e Israel en el campo de batalla. Por eso combina lo que consigue de aliados con una estrategia de ampliar la presión regional y de influir en la economía global mediante la energía.

Conclusión

En resumen, la ayuda rusa a Irán incluye datos satelitales, componentes tecnológicos y suministro de expertos y piezas. También hay transferencia de conocimientos sobre drones y mejoras técnicas. Pero varios especialistas consideran que el paquete es limitado y, en buena medida, simbólico. La frase de Trump de que Rusia "podría estar ayudándoles un poco" no parece alejarse mucho de las valoraciones de analistas independientes.