Una mañana fría de marzo en un hotel del Atlántico medio, Palantir reunió a contratistas de defensa, oficiales militares y ejecutivos de empresa para su conferencia de desarrolladores. La nieve y las mantas que repartía la organización no quitaron el buen ánimo del público. Para muchos allí presentes, la empresa cumple lo que promete y su cotización en bolsa no hace más que reforzar esa sensación.
De los ingenieros en el terreno a la IA generativa
Fundada en 2003 por Peter Thiel y Alex Karp, Palantir dejó claro que su crecimiento más fuerte ahora viene del sector comercial. El director técnico, Shyam Sankar, destacó cifras llamativas: el negocio comercial crece un 120% interanual, frente a un 60% en el gobierno. Esa distancia explica por qué la empresa habla tanto de industria como de defensa.
En los primeros años, Palantir colocaba “ingenieros desplegados en el terreno” dentro de las empresas clientes para integrar su software en las operaciones. La aparición de modelos de lenguaje grandes y otras formas de IA generativa aceleró ese proceso: ahora las herramientas hacen gran parte del trabajo repetitivo y los ingenieros ayudan a los clientes a construir soluciones propias sobre la plataforma. Como dijo uno de los directivos: la IA eliminó el cuello de botella humano y cambió la velocidad de crecimiento.
Un lema de «traje de hierro para la cognición»
La compañía compara su trabajo con construir trajes que potencien la capacidad de decisión humana. Esa metáfora reaparece en las presentaciones y en la narrativa interna: más potencia algorítmica para que los usuarios tomen decisiones con ventaja.
Clientes comerciales que parecen casos de estudio militar
En la misma mañana hubo intervenciones de responsables de la Marina de Estados Unidos y de proyectos de IA para el campo de batalla, junto a ejecutivos de firmas como Accenture y GE Aerospace. También hubo demostraciones de clientes comerciales, como una marca de moda familiar con 450 empleados. Su director ejecutivo, Jordan Edwards, dijo haber conocido Palantir por un anuncio en redes sociales y describió mejoras drásticas en márgenes gracias al sistema. Atribuyó a la herramienta un cambio de margen de 17 puntos en una línea de producto, pasando de perder 9 dólares por unidad a ganar 9 dólares por unidad. Ahora se autodenomina “forward deployed CEO”.
Defensa: alma y argumento de ventas
Aunque la facturación comercial crece más rápido, la identidad de Palantir permanece anclada en la defensa. La compañía presionó durante años para entrar en contratos militares, hasta el punto de demandar al Ejército por considerarla para adjudicaciones. Esa vinculación con resultados militares, según la firma, dio disciplina y rigor que luego trasladaron al mercado privado.
El libro reciente del CTO incluye un capítulo titulado «La fábrica es el arma», y tanto él como el director ejecutivo Alex Karp defienden que la industria privada devrait contribuir a la defensa nacional además de producir bienes de consumo.
El mensaje público de Alex Karp
En su intervención, Karp mezcló tono serio y bromas sobre su atuendo. Dijo que, con Estados Unidos en conflicto activo, la prioridad de Palantir es apoyar a las tropas. Según él, la empresa fue creada para dar a los combatientes “una ventaja injusta” y se enorgullece de ese objetivo. Añadió que el papel de la compañía es ayudar a que los soldados vuelvan a casa con seguridad, aunque eso pueda significar que otros no lo hagan. Tras ese comentario, en la sala se oyó aplauso.
Durante la conferencia también se mencionó un ataque con misiles contra una escuela de niñas en Irán en el que murieron, según informes, al menos 175 civiles. Palantir dijo que no comentará si sus productos estuvieron implicados y la investigación sigue en curso.
Contrastes con otras empresas de IA y la postura ética
Los responsables de Palantir se presentaron como contrarios a límites éticos que restrinjan el uso militar de la IA. No nombraron a empresas concretas en algunas críticas, pero sus comentarios parecían apuntar a compañías que han intentado fijar normas sobre el uso de IA en combate. Sankar llegó a expresar desdén por algunas visiones optimistas sobre la inteligencia artificial general y sugirió que los líderes que promueven esos ideales no entienden del todo lo que construyen.
La postura pública de Palantir es clara: el objetivo moral y comercial es que la IA ayude a ganar conflictos. La experiencia en defensa, según la empresa, justifica su agresividad tecnológica y actúa como filtro entre clientes: buscan socios con alineación cultural y relaciones profundas en lugar de contratos extensos y superficiales.
Dilemas políticos y comerciales
Karp afirmó que la empresa acepta diversidad de opiniones internas excepto en un punto: el apoyo a los combatientes. Dijo que quien espere que Palantir no respalde a los militares en batalla está en la compañía equivocada.
En cuanto a clientes polémicos, como la agencia de inmigración ICE, Palantir sigue trabajando con ellos pese a incidentes violentos en Minnesota. La explicación de Sankar fue pragmática: los problemas específicos son tragedias, pero hay que confiar en los mecanismos democráticos y judiciales para resolverlos. En su planteamiento, elegir no colaborar sería cuestionar el sistema.
Fuera de la burbuja
Al abandonar el recinto nevado, la sensación es que Palantir funciona en una burbuja propia. Mientras en el exterior se debate cómo usar la IA y qué límites éticos poner, la empresa ha decidido focalizarse en una misión concreta: aplicar la inteligencia artificial para obtener ventajas en el campo de batalla y en las operaciones críticas. Para Palantir, discutir demasiado los límites equivale a no competir.
En resumen, la conferencia dejó claro que la compañía vende soluciones tanto a empresas como a militares, y que su prioridad actual es asegurar que sus herramientas contribuyan a ganar conflictos. Eso agrada a muchos asistentes y alarma a otros. Ambos resultados son, para Palantir, adecuados.