Un encendedor que salió mal y una fábrica con prisa
Hace aproximadamente un año, en la planta de motores de Anduril cerca de la costa del Golfo de Mississippi, un joven ingeniero sufrió quemaduras en la mano al montar un encendedor eléctrico conocido en la planta como un "white hot". Ese pequeño dispositivo debía encender una muestra de propulsor, una goma con la que Anduril pretende alimentar varios misiles. Antes del accidente no se había hecho un análisis de seguridad del trabajo ni se exigía una protección adecuada. El empleado usaba guantes de goma no diseñados para resistir fuego. Cuando el ignitor falló en un flash de luz, su mano derecha quedó quemada.
Según varias fuentes, no llamaron a emergencias: su jefe le llevó al hospital. Su pareja compartió fotos y pidió donaciones porque la familia iba a perder su principal fuente de ingresos mientras él se recuperaba.
Retratos de una expansión forzada
Esta historia forma parte de una investigación basada en entrevistas con 37 exempleados y contratistas, más de 20 de ellos con conocimiento directo de las líneas de producción. Anduril negó responder a preguntas específicas y señaló que la cobertura se apoyó en muchos exempleados, afirmando que algunos reclamos son inexactos o engañosos.
La narrativa pública de Anduril es clara: pueden fabricar armas más rápido y barato que los gigantes tradicionales. La realidad en las plantas, según empleados y ex empleados, mezcla éxitos técnicos con problemas operativos, rotación de mandos y presión de plazos.
Cómo llegó Anduril hasta aquí
- La empresa, fundada por antiguos pioneros de la realidad virtual, ha recaudado más de 6.000 millones de dólares y busca levantar otros 4.000 millones.
- Gasta en I+D cantidades comparables a las de contratistas grandes: en la práctica, su inversión anual ronda los 2.000 millones de dólares, según observadores.
- Cuenta con más de 7.500 empleados y ha entregado, entre otras cosas, submarinos no tripulados Dive, torres Sentry de vigilancia fronteriza, misiles Roadrunner y miles de drones compactos.
Plantas, adquisiciones y promesas
Anduril opera cerca de 10 fábricas, varios centros de ensayo y unas 30 oficinas en Estados Unidos y en el extranjero. Está construyendo un gran complejo de I+D en el sur de California y una fábrica multipropósito llamada Arsenal-1 cerca de Columbus, Ohio. Para Arsenal-1 la compañía prevé contratar hasta 4.000 personas antes de 2035, algo que le valió incentivos estatales y locales cercanos a 800 millones de dólares.
En 2023 Anduril compró Adranos, una startup salida de investigación universitaria que trabajaba en un propulsor con litio que, según sus promotores, quemaba más eficientemente y con menos toxicidad. La planta adquirida estaba en McHenry, en un condado pequeño. Anduril invirtió millones para ampliar el campus y preparar la producción.
Roberto y Geisler: dos edificios, dos realidades
La ambición era producir el propulsor en un solo edificio llamado Roberto, en lugar de repartir procesos entre varias naves como hacen competidores más grandes. La idea prometía mayor velocidad pero mayor exposición al riesgo: un incidente podría afectar toda la línea. Mientras tanto, los motores de muestra siguieron saliendo del edificio de prototipos llamado Geisler.
Beneficios locales, pero también tensiones
En los pueblos cercanos Anduril dejó señales visibles: empleo local, comidas contratadas en restaurantes, apoyo a tiendas y defensores que ven la inversión con buenos ojos. También hubo propones para apoyar a escuelas y crear canalizaciones de contratación.
Pero empleados y vecinos notaron efectos negativos: tráfico, ruido que antes no había y una moral dispar en algunas plantas.
Problemas en las líneas de montaje
En varias instalaciones hubo incidentes y fallos de planificación. Algunos ejemplos relatados por fuentes:
- Una puerta de 30.000 libras hecha con ladrillos de plomo levantó el suelo de hormigón y hubo que rehacerla.
- Se detectó una fuga de radiación en la cubierta de la sala de rayos X.
- Una pulverizadora robótica se fabricó con especificaciones equivocadas y una cabina para recubrimientos fue innecesaria.
- Trabajos de mantenimiento sin apagar la energía arrojaron polvo de aluminio sobre la ropa del personal, con riesgo respiratorio.
- Máquinas de dosificación compradas a un proveedor llamado Coperion empezaron a gotear y a fallar, y en ocasiones el paro de emergencia no funcionó como debía.
Presión, rotación y horas largas
En la planta de Atlanta, adquirida a otra startup en 2021 para fabricar drones Altius, la capacidad teórica fue de unas 50 unidades al mes a principios de 2024. En la práctica la producción media fue menor. Cuando llegaron grandes pedidos, se montaron estaciones por donde cupiera y la gestión cambió.
La llegada de ejecutivos externos, entre ellos un antiguo ejecutivo de Uber encargado de supervisar drones y motores, coincidiría con una fase en la que varios ingenieros y líderes abandonaron la empresa. Algunos trabajadores relataban comentarios sobre horas insuficientes y presión indirecta para reflejar 45 horas en la nómina, aunque Anduril ha defendido que las largas jornadas suelen ser voluntarias y derivadas del compromiso con productos que consideran críticos.
En Morrisville, Carolina del Norte, donde se fabrican piezas compuestas para el caza no tripulado Fury y el submarino Dive-LD, la moral se describió como particularmente baja en comparación con otras sedes. La empresa reconoció niveles de estrés muy altos en ese centro.
Pruebas que fallaron y entregas complicadas
Anduril ha probado mucho y rápido. En 2024 y 2025 algunos sistemas, incluidos drones Altius, no rindieron como se esperaba en ensayos militares. La filosofía de la compañía se basa en detectar fallos pronto y aprender, pero empleados criticaron que a veces se realizaban pruebas con datos sin procesar de experimentos anteriores, lo que impedía corregir problemas entre pruebas.
La compañía entregó una partida de drones a Taiwán y destacó la rapidez de esa operación. Sin embargo, en McHenry la situación era distinta: durante la ceremonia de inauguración de Roberto muchos equipos aún estaban en cajas y faltaban pasos básicos para fabricar motores a escala.
Subvenciones, plazos incumplidos y cambios de liderazgo
El Departamento de Defensa y otras entidades han apoyado la expansión de Anduril en McHenry con subvenciones. En octubre la empresa recibió 43,7 millones de dólares adicionales para ampliar producción. Antes había habido otra ayuda pública de varios millones.
Aun así, se incumplieron plazos de entrega. Tras la entrega simbólica de Roberto a comienzos de julio, la dirección del centro cambió de golpe y hubo salidas de mandos. Varios meses después no se anunciaba ningún disparo de prueba con motores fabricados en Roberto y la producción masiva parecía retrasada meses.
Consecuencias para la comunidad y el futuro
Vecinos muestran preocupación por el ruido y el impacto ambiental. En Ohio, los planes de Arsenal-1 y la promesa de fabricar hasta 150 cazas no tripulados Fury al año generan expectativas y rechazo simultáneo: ayudas públicas, impacto en suelos y aguas, y debates sobre protección de yacimientos culturales han aparecido en la escena.
Anduril busca formar mano de obra local mediante acuerdos con centros de formación profesional y universidades técnicas en la región. Las instituciones están interesadas, pero también son cautas por experiencias pasadas con grandes proyectos que se demoraron.
¿Crecimiento rápido o prisa que perjudica?
Expertos que han trabajado en la administración de defensa recuerdan que reconstruir capacidad industrial lleva años. Para algunos, los problemas que enfrenta Anduril son dolores de crecimiento previsibles: la puesta en marcha de instalaciones, la cadena de proveedores y la formación de personal no se solucionan de la noche a la mañana.
Sin embargo, la suma de fallos operativos, tensión entre mandos y empleados y retrasos en entregas plantea dudas sobre si la estrategia de hacer muchas cosas a la vez es sostenible. Algunos trabajadores han actualizado sus perfiles profesionales y buscan nuevas oportunidades. Otros observan con inquietud que proyectos que prometían empezar pronto aún no han alcanzado el ritmo industrial esperado.
Conclusión
Anduril es una compañía que ha cumplido objetivos técnicos ambiciosos y atraído gigantesca financiación privada. Al mismo tiempo, sus fábricas muestran que la transformación de prototipo a producción en serie comporta riesgos operativos y humanos. La compañía apuesta por escalar rápido y cambiar la industria de defensa. Los próximos años dirán si la apuesta fue válida o si la verdadera batalla habrá sido, por ahora, con su propia capacidad para producir de forma segura y fiable.