Veredicto: 3 millones y más preguntas

Un jurado formado por siete mujeres y cinco hombres ordenó que Meta y Google paguen 3 millones de dólares a una mujer de 20 años que alegó haberse hecho adicta a Instagram y YouTube durante su infancia. El fallo señala que ciertas características del diseño de los productos contribuyeron a daños en su salud mental.

Quién paga y qué falta por decidir

La sentencia asigna a Meta el 70% de los daños y a Google el 30%. El monto que se impondrá como daños punitivos se determinará en una fase separada del proceso.

Por qué este juicio importa

Este caso es el primero entre miles de demandas similares en todo el país que acusan a empresas tecnológicas de crear productos adictivos con efectos perjudiciales. Por eso se considera un caso bellwether, es decir, una referencia para ver cómo podrían resolverse reclamaciones parecidas en el futuro.

La víctima y su experiencia

La demandante, identificada como Kaley G.M., contó que abrió su cuenta de YouTube con 8 años y la de Instagram con 9. Relató que pronto pasó casi todo su tiempo libre en Instagram, desde la primera hora del día hasta la noche, y afirmó que dejó otras aficiones y desarrolló ansiedad, depresión y trastorno de la imagen corporal.

Testimonios en el estrado

Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, compareció ante el tribunal en la Corte Superior de Los Ángeles y defendió decisiones de diseño en Instagram, en particular en torno a los filtros de belleza. Argumentó que la compañía busca equilibrar el contenido que puede ser dañino y la libertad de expresión. Adam Mosseri, responsable de Instagram, declaró que no creía que fuera posible volverse adicto a las aplicaciones de redes sociales.

La teoría de la parte demandante

Los abogados de la demandante sostuvieron que elementos de diseño, como el "infinite scroll" (desplazamiento infinito), están pensados para mantener a los usuarios enganchados, lo que aumenta el tiempo de uso y, en última instancia, favorece los resultados comerciales de las plataformas.

Otros implicados

TikTok y Snap llegaron a acuerdos y quedaron fuera del juicio antes de que comenzara. Meta y Google, en cambio, llevaron el proceso hasta este veredicto.

El fallo no cierra el debate público ni legal sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas en la salud mental de los usuarios, pero sí marca un precedente: los tribunales empiezan a poner bajo lupa decisiones de diseño que antes se daban por inevitables.