Ucrania vuelve al centro, aunque sea por un rato

Varios ministros de la UE tienen previsto llegar hoy a Bucha, en Ucrania, para conmemorar el cuarto aniversario de la liberación de la localidad y de la matanza que se convirtió en uno de los primeros símbolos de la agresión rusa contra el país. Una cita solemne, porque la diplomacia europea también sabe hacer memoria cuando el calendario le empuja a ello.

La fecha supone uno de esos raros momentos en los que Bruselas vuelve a mirar de frente a Ucrania, en medio de una creciente preocupación por el posible efecto dominó de la guerra entre Israel e Irán en Oriente Próximo. La delegación estará encabezada por la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas.

Los ministros hablarán sobre cómo reforzar la rendición de cuentas por los crímenes de guerra cometidos durante la invasión, incluida la creación de un tribunal especial para el delito de agresión. Ese proyecto sigue necesitando más apoyo político y financiación para salir del papel y entrar en funcionamiento, que suele ser donde estas cosas se complican de verdad.

El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, afirmó en redes sociales que la magnitud de las atrocidades rusas en esta guerra no tiene precedentes en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. También insistió en que el delito de agresión es la raíz de todo lo demás y que no debe haber amnistía para los responsables rusos, incluida la cúpula política y militar del país.

Sybiha comparó la iniciativa con los juicios de Núremberg contra los dirigentes de la Alemania nazi derrotada y defendió que este nuevo tribunal es necesario para evitar que horrores semejantes se repitan en el futuro.

Kallas, por su parte, dijo que la masacre de Bucha “ha llegado a simbolizar la crueldad de la guerra de Rusia” contra Ucrania. Añadió que la UE está comprometida con que estos crímenes no queden impunes, también mediante el respaldo al Tribunal Especial para el Crimen de Agresión y a la Comisión de Reclamaciones.

La responsable comunitaria subrayó que Rusia debe rendir cuentas por lo que ha hecho en Ucrania y recordó que la UE seguirá prestando apoyo militar, financiero, energético y humanitario al país.

Sin avances en los dos grandes bloqueos de siempre

No se esperan progresos en dos asuntos que siguen atascados por la oposición de Hungría: el préstamo de 90.000 millones de euros de la UE a Budapest y el vigésimo paquete de sanciones contra Rusia. Ambos continúan bloqueados por el Gobierno húngaro, que no da precisamente muestras de entusiasmo por facilitar el trabajo de sus socios.

Además, los ministros de Energía de la UE tienen prevista para hoy una llamada para analizar el impacto de la crisis de Oriente Próximo en los precios de la energía. Algunos países están presionando para adoptar medidas unilaterales, que defienden como necesarias para limitar el golpe sobre sus economías.

También habrá que seguir de cerca Dinamarca, donde continúan las negociaciones para formar coalición tras las elecciones parlamentarias de la semana pasada, que dejaron el país en un empate político.

Nuevas revelaciones sobre Hungría y Moscú

Mientras tanto, han surgido más detalles sobre las supuestas conexiones estrechas entre el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, y altos cargos rusos.

Una investigación conjunta de The Insider y cuatro medios regionales, VSquare, DelfiEE, FrontStory y el Investigative Center of Ján Kuciak, publicada esta mañana, sostiene que Szijjártó habló con frecuencia con funcionarios rusos sobre los planes confidenciales de la UE en materia de sanciones y buscó activamente formas de bloquear o retrasar su adopción.

Según los medios, en una serie de conversaciones el ministro húngaro habría dicho al titular ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, que estaba “siempre a su disposición” y le ofreció ayuda para sacar a determinadas personas de las listas de sanciones de la UE.

El exministro de Exteriores de Lituania, Gabrielius Landsbergis, confirmó la autenticidad de uno de los intercambios que Szijjártó supuestamente trasladó a los rusos.

Uno de los autores de la investigación, Szabolcs Panyi, uno de los periodistas de investigación más reconocidos del país, fue acusado la semana pasada por el Gobierno húngaro de espiar para Ucrania, una acusación que fue ampliamente condenada por organizaciones de defensa de la libertad de prensa.

Los cinco medios dijeron que Szijjártó no respondió a su solicitud de comentarios. Esta mañana, sin embargo, él sí se pronunció en X para burlarse del reportaje. Dijo que “han demostrado que digo lo mismo en público que por teléfono. Buen trabajo”.

A continuación defendió que, desde hace cuatro años, Hungría sostiene que las sanciones son un fracaso y que hacen más daño a la UE que a Rusia. También afirmó que su país nunca aceptará sancionar a personas o empresas esenciales para su seguridad energética, para lograr la paz o que no tengan motivo para figurar en una lista de sanciones.

Szijjártó ya había descalificado informaciones anteriores como desinformación, aunque reconoció que sí había mantenido algunas llamadas con socios de terceros países, algo que presentó como simple diplomacia rutinaria.

La investigación probablemente aumente la irritación en Bruselas y en varias capitales europeas, donde crece el enfado por la cercanía de Hungría con Rusia. Tanto Viktor Orbán como Szijjártó viajan a Moscú con bastante regularidad, por si a alguien le quedaba alguna duda sobre la dirección del viento.

Las revelaciones llegan a menos de dos semanas de las elecciones parlamentarias decisivas en Hungría, que podrían poner fin a los 16 años de Orbán en el poder.

No sería raro que en la rueda de prensa del mediodía alguien pida una reacción de la Comisión.