Washington ha presentado una lista larga y cambiante de objetivos para la campaña contra Irán: destruir su capacidad militar regional, eliminar a su cúpula, fomentar resistencia interna y anular su programa nuclear. Después de tres semanas de ataques, los objetivos reales elegidos en el terreno cuentan otra historia sobre prioridades, límites y desencuentros entre Estados Unidos e Israel.
Tres fases del conflicto
Analistas describen el desarrollo de la campaña en tres fases claras. La primera fue una ofensiva muy directa, que incluyó ataques a capacidades militares y a líderes políticos y militares. En cuestión de horas tras el inicio de los ataques, Irán confirmó la muerte del líder supremo Ali Khamenei y de varios altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
La intención aparente de esa fase fue paralizar la toma de decisiones del régimen y abrir la puerta a un cambio de liderazgo más favorable a las exigencias de EE. UU. e Israel, según especialistas consultados.
La segunda fase apuntó a instituciones y estructuras de seguridad interna. Hubo ataques contra sedes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, del grupo paramilitar Basij y de la policía. El objetivo aparente fue erosionar la capacidad del Estado para mantener el orden, con la intención de provocar protestas masivas o activar células armadas internas.
La tercera fase comenzó con ataques a infraestructuras energéticas, entre ellas el campo de gas South Pars. Ese tipo de objetivos parecen buscar también degradar la capacidad del gobierno para proveer servicios básicos como electricidad y gas, lo que complica la vida cotidiana de la población y puede aumentar la presión interna sobre el régimen.
Ataques a misiles, drones y fuerzas navales
En términos cuantitativos, la campaña ha enfatizado la reducción de la capacidad balística, de drones y naval de Irán, junto con sistemas móviles y de comunicaciones asociados. Según datos de seguimiento, se registraron 1.434 eventos de ataque por parte de Estados Unidos e Israel frente a 835 eventos de represalia por parte de Irán. Un "evento" identifica el momento y el lugar de un ataque, pero no el número exacto de armas empleadas.
- El Ejecutivo estadounidense afirma haber atacado más de 7.800 objetivos desde el 28 de febrero y realizado más de 8.000 misiones de combate.
- Se informa que unas 120 embarcaciones iraníes resultaron dañadas o destruidas.
Expertos señalan que las ofensivas aéreas han sido efectivas para debilitar la capacidad balística de Irán y dañar su liderazgo. Aun así, Irán mantiene una doctrina descentralizada que facilita la resiliencia y la sustitución de mandos, lo que le ha permitido sostener un conflicto de desgaste.
¿Dónde queda el umbral de la "victoria"?
La guerra ha entrado en lo que algunos llaman una fase de incrementalismo, en la que cada bando busca superar al otro con ataques mayores o más precisos. Esto implica una presión constante para intensificar la campaña, tanto contra activos militares como contra infraestructuras civiles.
La hipotética toma del control del Estrecho de Ormuz representa una de las principales trincheras estratégicas. Si Irán termina ejerciendo de hecho el control del estrecho, sería un fracaso estratégico para Estados Unidos. Algunos movimientos militares recientes, como el despliegue de bombas de gran penetración para atacar silos y la llegada de marines al Golfo, sugieren que se considera la posibilidad de operaciones más agresivas, pero tomar y mantener territorio frente a la resistencia iraní sería una operación muy compleja y costosa.
El programa nuclear sigue siendo difícil de erradicar desde el aire
Destruir por completo el programa nuclear iraní parece fuera del alcance solo con ataques aéreos. Ha habido algunos golpes a instalaciones nucleares, aunque los daños mayores a Fordow, Natanz e Isfahán se produjeron en la guerra anterior entre Israel e Irán. Alto cargo de organismos internacionales han advertido sobre los riesgos de atacar instalaciones nucleares y han señalado que un programa tan amplio y disperso difícilmente pueda eliminarse solo con bombardeos.
Varios expertos concluyen que la coalición puede retrasar y degradar el programa, pero no borrar por completo capacidades si persisten reservas de material, conocimientos y sitios ocultos. Si la meta fuera la eliminación total, se necesitarían medidas adicionales que probablemente implicarían presencia sobre el terreno.
¿Se alinean EE. UU. e Israel en los objetivos políticos?
En lo militar hay coincidencias: degradar misiles, sistemas de defensa aérea, estructuras de mando y partes del programa nuclear. En lo político, las metas parecen divergir. Israel parece interesada en una transformación más profunda del sistema iraní, incluso mediante operaciones que busquen desestabilizar internamente al régimen. Estados Unidos ha enfatizado objetivos militares más limitados, según declaraciones oficiales.
En la práctica, ambas partes realizaron intentos tempranos de decapitar la cúpula iraní. Sin embargo, la designación posterior del hijo del líder supremo como nuevo máximo responsable ha mostrado que eliminar figuras clave no garantizó el colapso del sistema. Además, algunos ataques selectivos contra figuras que pudieran facilitar negociaciones recientes subrayan diferencias en la estrategia.
Conclusión
Tras tres semanas de combates, los blancos elegidos por Estados Unidos e Israel cuentan una historia de prioridades mixtas: degradar capacidades militares críticas, intentar presionar la estabilidad interna y golpear infraestructuras que afectan a la población. Esos mismos pasos reducen la facilidad para encontrar salidas rápidas y aumentan la probabilidad de una guerra prolongada, con objetivos que no siempre coinciden entre los aliados.