La guerra civil en Sudán se acerca al cuarto año y, lamentablemente, no hay señales claras de un final cercano. Lo que empezó como una pelea interna entre el Ejército sudanés y la fuerza paramilitar conocida como Rapid Support Forces - RSF - se ha convertido en un asunto regional, con varios países empujando desde fuera y complicando cualquier solución.
Cómo va el conflicto en el terreno
Militarmente la balanza ha ido y venido. Hoy por hoy la línea de frente se sitúa mayormente en la región oeste-central de Kordofán, sin avances decisivos de ninguna de las partes. El combate se mantiene, y con él la sufrida realidad para la población civil.
Quién apoya a quién (y por qué)
Sudán está funcionando como un tablero de ajedrez geopolítico. Las potencias externas no ven esto solo como un conflicto local; buscan proteger intereses estratégicos y proyectar influencia en zonas tan sensibles como el Mar Rojo y el Cuerno de África. En términos generales:
- A favor del Ejército sudanés: países como Egipto, Eritrea, Turquía, Catar, Irán y, cada vez más, Arabia Saudí reconocen al jefe del Ejército Abdel Fattah al-Burhan como autoridad de facto y le brindan apoyo político y material.
- A favor de las RSF: los Emiratos Árabes Unidos han sido el principal padrino del RSF, aportando financiación, logística y material militar que han permitido operaciones sostenidas sobre el terreno.
Ese respaldo externo no es inocuo: dinero, armas y apoyo logístico moldean las decisiones en el campo de batalla, alargan la capacidad de lucha de los bandos y rebajan los incentivos para negociar.
Atrocidades y consecuencias humanas
Cuando ciudades como el-Fasher cayeron tras largos asedios, emergieron testimonios e imágenes de graves abusos: ejecuciones, torturas, secuestros y violencia sexual. Esos episodios han provocado críticas internacionales, pero no han cambiado de manera significativa el patrón de apoyo externo.
El conflicto se contagia a la región
La situación geográfica de Sudán lo hace especialmente vulnerable: es un cruce entre el Mar Rojo, el Cuerno de África, el Sahel y el Norte de África. Vecinos africanos están siendo arrastrados al conflicto, ya sea por intereses nacionales directos o por incentivos para servir de corredor para armas y suministros. Si esto continúa, los fallos regionales existentes podrían conectarse y amplificar una crisis más amplia con Sudán en el epicentro.
Diplomacia en aprietos: el mapa Quad y la grieta entre Arabia Saudí y los EAU
Tras meses de negociación liderada por Estados Unidos, el 12 de septiembre de 2025 el llamado Quad - formado por EE. UU., Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto - propuso una hoja de ruta para poner fin al conflicto. En teoría, el alineamiento de estos actores podría ejercer presión real sobre el Ejército y las RSF para negociar.
En la práctica, crecientes tensiones entre dos miembros del Quad, Arabia Saudí y los Emiratos, han eclipsado esos esfuerzos. En diciembre la disputa se hizo pública cuando la Southern Transitional Council, respaldada por los Emiratos y activa en Yemen, lanzó una ofensiva cercana a la frontera con Arabia Saudí. Esa acción abrió una ruptura rara y evidente entre los dos gigantes del Golfo, con exigencias de retirada por parte de Riad y anuncios de repliegue por parte de Abu Dabi. La fractura continúa, y medios alineados con Arabia Saudí ahora acusan a los Emiratos de desestabilizar la región, incluyendo en Sudán.
Ese enfado saudí-emiratí puede endurecer aun más la guerra: Arabia Saudí, Turquía, Egipto y otros podrían redoblar su apoyo al Ejército, mientras que pocos esperan que los Emiratos reduzcan su respaldo a las RSF.
El papel de Estados Unidos y la ventana de oportunidad
Estados Unidos sigue siendo clave para intentar cerrar el conflicto, aunque existen dudas sobre la continuidad del compromiso político en medio de otras tensiones regionales, incluidas las que involucran a Irán. El foco de atención por choques más amplios en la región puede distraer a los actores del proceso sudanés, pero también podría crear una razón para que rivales del Golfo pongan sus diferencias en segundo plano y permitan avances diplomáticos.
Si se logra un entendimiento entre Riad y Abu Dabi, eso podría reactivar la diplomacia estancada. Una tregua entre el Ejército y las RSF necesitaría luego abrir la puerta a un proceso político interno sudanés, con la mediación probable de la Unión Africana y la ONU.
Qué hace falta ahora
- Presión diplomática sostenida de potencias internacionales para reducir la injerencia externa y favorecer un alto el fuego.
- Esfuerzos regionales, especialmente africanos, para enfriar tensiones en el Cuerno de África y evitar que el conflicto se propague.
- Mayor atención humanitaria y medidas para proteger a la población civil, que es la que más sufre.
En resumen, Sudán ya no es solo un conflicto interno. Se ha convertido en un tablero de rivalidades regionales donde el apoyo externo complica la solución. Si no se enfría esta dinámica, el riesgo es que el fuego se extienda más allá de sus fronteras.