Bondi sale del Gabinete con Epstein como telón de fondo

Después de Kristi Noem, el siguiente nombre en caer en la órbita de Donald Trump ha sido el de Pam Bondi. La fiscal general ha sido apartada por un presidente cada vez más incómodo con la forma en que se han gestionado los asuntos más delicados del Departamento de Justicia. En el centro de todo está, cómo no, el caso de los archivos de Jeffrey Epstein, aunque también pesa el empeño de Trump en ajustar cuentas con sus enemigos políticos.

En un mensaje publicado en Truth, Trump describió a Bondi como una “gran patriota estadounidense” y una amiga leal que había servido fielmente como fiscal general durante el último año. Añadió que saldrá del Gobierno para ocupar un nuevo puesto, todavía por anunciar, en el sector privado.

El presidente también confirmó que Todd Blanche, hasta ahora número dos de Bondi, asumirá la dirección del Departamento de Justicia de manera interina. El nuevo destino de Bondi no está claro, aunque medios estadounidenses apuntan a un cargo de prestigio en el horizonte, como una posible designación judicial. Según esas informaciones, la jefa de gabinete de Trump, Susy Wiles, amiga cercana de Bondi, habría intentado intervenir en su favor. Sin éxito, porque en la Casa Blanca las buenas relaciones ayudan, pero no hacen milagros.

Una gestión marcada por los tropiezos

La irritación de Trump con Bondi venía de lejos. La exfiscal de Florida, que además formó parte del equipo legal del republicano durante su primer juicio político de impeachment, adoptó desde el principio una línea muy agresiva al ejecutar las órdenes presidenciales, especialmente contra figuras a las que Trump considera adversarias. Entre ellas estaban el exdirector del FBI James Comey y la fiscal general de Nueva York Letitia James.

El problema es que casi todos esos procedimientos acabaron en fracasos sonoros, algo que no suele mejorar el humor de Trump. Y su humor, cuando se trata de lealtad y eficacia, ya se sabe, no es precisamente un bien escaso pero estable.

A ello se sumaron las críticas por el caos en la publicación de los archivos relacionados con el financiero y depredador sexual Jeffrey Epstein. Se reprochó a Bondi la lentitud, la poca atención a las víctimas y, sobre todo, la acusación de haber ocultado documentos que afectaban a Trump. El asunto terminó siendo tan embarazoso para la Administración que la fiscal general fue citada para declarar ante la comisión de supervisión de la Cámara de Representantes.

Epstein, una presión incómoda para la Casa Blanca

También hay quien sostiene que Bondi ha sido utilizada como chivo expiatorio para calmar a la base MAGA, cada vez más irritada por la gestión del caso Epstein. Una solución bastante práctica, si se ignora el detalle de que los problemas no desaparecen por cambiar de nombre en la puerta.

Entre los posibles sustitutos de Bondi aparece Lee Zeldin, excongresista republicano por Nueva York y antiguo candidato a gobernador, que desde enero dirige la Agencia de Protección Ambiental. Por ahora, la cartera quedará en manos de Blanche de forma provisional.

Hegseth también mueve piezas en Defensa

El movimiento en Justicia no llega solo. Al mismo tiempo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha pedido al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Randy George, que dimita y se retire inmediatamente del servicio. La información, difundida por CBS News y atribuida a fuentes conocedoras del asunto, señala que Hegseth quiere a una persona capaz de poner en práctica la visión de Donald Trump para el Ejército.

Tulsi Gabbard, siguiente posible objetivo

La próxima ficha que podría caer en la lista de Trump sería la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard. Según fuentes citadas por The Guardian, el presidente ya habría empezado a consultar a otros miembros del Gobierno sobre si conviene sustituirla.

Gabbard quedó aislada en las últimas semanas por la guerra en Irán, un conflicto al que se había opuesto públicamente. Además, en enero el Wall Street Journal informó de que también fue mantenida al margen de las conversaciones sobre una posible operación en Venezuela.

El detonante final, según esas mismas informaciones, habría sido su negativa a condenar a su exjefe de gabinete, Joe Kent, que dimitió por discrepar de la guerra contra Teherán y acusó a la Casa Blanca de dejarse manipular por Israel.

La afición de Trump por los reajustes rápidos

La inclinación de Trump por los pequeños terremotos internos es bien conocida. Su primer mandato estuvo marcado por una sucesión continua de altos cargos cesados, dimisionarios o recolocados. En esta segunda etapa, al menos durante los primeros meses, el presidente había contenido ese impulso. Pero los relevos de Noem y Bondi apuntan a que podría estar entrando en una nueva fase, igualmente previsible y bastante menos tranquila para quienes trabajan cerca de él.