Acabo de despellejar mi primera iguana en Crimson Desert y me sentí mal. Rápidamente me recompuse; podía estar siguiendo la línea argumental principal y sufrir por una historia que no hace mucho sentido, o podía dedicarme a alimentar a Kliff con insectos durante cinco horas y probar otra verdad distinta.
Un RPG con problemas, sí, pero no todo está perdido
Pearl Abyss intentó crear un gran RPG de mundo abierto y, honestamente, eso se nota en la escala. Lo que no funciona tan bien es el relato. Kliff muere y resucita sin explicación, obtiene poderes rarísimos de personajes extraños, y en algún momento puede planear con alas de cuervo después de brincar sobre unas rocas gigantes. Todo eso deja la narrativa hecha un rompecabezas difícil de encajar.
Si buscas una historia coherente, este no es el sitio más fiable. Si, en cambio, te apetece un enorme patio de recreo donde probar mecánicas y perderte en tareas sencillas, entonces Crimson Desert empieza a brillar.
Un mundo abierto que funciona mejor como simulador de vida
En lugar de perseguir misterios argumentales, yo opté por el plan más simple: cazar, recolectar, fabricar y sobrevivir. El juego recuerda en esa sensación a otros grandes mundos abiertos, pero aquí la mejor elección es tratarlo como un simulador medieval cómodo y sin prisas.
- Minar minerales para el herrero.
- Cortar madera y recolectar calabazas para cumplir pequeñas misiones.
- Vender enemigos capturados al cazarrecompensas.
- Participar en minijuegos y desafíos de equilibrio y destreza.
Tareas mundanas y la cocina de Kliff
Mi momento favorito vino con la cocina. Ver a Kliff sacar ingredientes, lanzar todo en una olla y beber del cucharón es un espectáculo absurdo y reconfortante a la vez. Preparó una especie de «guiso misterioso» que devolvía salud, luego unas verduras fortalecedoras hechas con batatas quemadas, y más tarde una gachuela de carne y granos encontrados. Ninguno sería un plato de estrella Michelin, pero la escena genera cariño instantáneo por el personaje.
Al dedicarle tiempo a estas actividades, Kliff dejó de ser un héroe serio y pasó a ser mi torpe compañero: recolecta mariposas que aparecen como "???" en el inventario, guarda insectos por montones, y sigue tropezando con la vida del pueblo.
Inventario de bichos
Mirar el inventario de Kliff es una mezcla entre ternura y broma: moscas, mariposas, iguanas y todo tipo de "???." Da cierto encanto pensar que este adulto nunca ha visto una mariposa antes. Eso convierte tareas simples en pequeños momentos memorables.
Relaciones con los NPC y rutina diaria
Kliff pasa el día haciendo favores, regalando animales callejeros y comprando una jarra de cerveza tras entregar una recompensa. Tiene una relación curiosa con los artesanos: el herrero, el curtidor y el tintorero reciben sus presentes raros y, por la cortesía del pueblo, no le devuelven nada en cara.
Cuando termina la jornada, lo dejo dormir y, con una mezcla de orgullo y ternura, le doy un toque en la pantalla. Si fuera mi hijo, sería ese hijo tonto que no cambia jamás.
¿Qué sacar en conclusión?
Crimson Desert falla en contar una historia sólida y coherente, pero triunfa como experiencia de mundo abierto si la juegas bajo otra premisa: deja la narrativa en segundo plano y conviértelo en un simulador de vida medieval. Si disfrutas de tareas pequeñas, interacción con NPC, minijuegos y momentos ridículos como darle de comer insectos a Kliff durante horas, aquí encontrarás horas de diversión tranquila.
Al final, la gran verdad que descubrí tras mis cinco horas alimentando a Kliff es sencilla: este juego se disfruta más cuando aceptas que el protagonista es un tipo torpe y adorable, y cuando transformas su mundo en tu propia rutina cotidiana. No es el RPG más profundo, pero sí un gran simulador de vida si sabes cómo jugarlo.