Un arranque lento, pero calculado

Crimson Desert ha gustado bastante a crítica y público, pero hay un consenso casi incómodo: le cuesta ponerse en marcha. Para Dinga Bakaba, director de Arkane Lyon y responsable de proyectos como Dishonored 2 y Deathloop, precisamente ahí está parte de su mérito.

Bakaba compartió en Twitter su visión sobre el juego de mundo abierto, que en estos momentos está generando bastante conversación. Su lectura es que el título funciona casi al revés que la mayoría de los juegos de mundo abierto: primero pide paciencia y después empieza a desplegar su truco.

La recompensa llega cuando ya llevas tiempo dentro

El desarrollador comparó esa sensación con la de un juego de mesa. Al principio, dijo, solo ves el tablero y sus reglas, pero poco a poco entras de verdad en la dinámica y es entonces cuando aparece la magia. Según Bakaba, Crimson Desert acierta precisamente porque no enseña todas sus cartas desde el principio.

A su juicio, el juego sigue incorporando novedades durante muchas horas, da más peso a sus sistemas y hace que interactúen entre sí. También señaló que muchos de esos sistemas están integrados de forma diegética y que el conjunto se permite ciertos desvíos tonales, con una especie de diversión absurda pero bien pensada. Vamos, el tipo de cosa que en teoría no debería funcionar y luego va y funciona.

Para Bakaba, todo eso termina formando un recorrido muy personal, de juego a descubrimiento y de descubrimiento a fascinación. En una época de consumo rápido, defendió, resulta casi refrescante que un juego enganche por la fricción y no por ser especialmente complaciente.

Una opinión compartida, pero no universal

Esa idea de que merece la pena persistir no es nueva. El propio texto la relaciona con otros juegos que esconden su mejor cara durante horas, como Kingdom Come: Deliverance 2, donde las interacciones iniciales pueden ser bastante ásperas antes de que aparezca toda su profundidad.

Aun así, la recepción de Crimson Desert sigue dividida. Para algunos, como John Buckley, responsable de publicación de Palworld, es una joya de mundo abierto al nivel de The Elder Scrolls: Oblivion. Para otros, el juego les deja con ganas de volver directamente a The Legend of Zelda: Breath of the Wild.

Y por si hacía falta otra prueba de que el ritmo inicial no está dejando indiferente a nadie, casi dos semanas después del lanzamiento seguía habiendo jugadores atrapados en la primera zona. Uno de ellos lo resumía con bastante precisión: más de 136 horas dentro del juego y todavía sin salir de Hernand.