La visita a Beirut que reactivó el debate

Los efectos humanos de los ataques israelíes sobre Líbano eran imposibles de ignorar cuando el eurodiputado irlandés Barry Andrews visitó Beirut el mes pasado. Allí habló con personas que habían huido de los bombardeos israelíes y que habían obedecido las órdenes de evacuación en el sur del país.

En los refugios improvisados, antiguos colegios reconvertidos, la situación era todavía peor que durante la última incursión israelí en 2024, según le contaron. Andrews describió un panorama de suciedad y deterioro agravado por los recortes bruscos en ayuda humanitaria: colchones sucios, mantas sucias, infecciones y erupciones cutáneas. Un pequeño catálogo del sufrimiento, por si alguien necesitaba recordatorio.

Andrews, que preside la comisión de desarrollo del Parlamento Europeo, estuvo en Líbano dos semanas después de que Hezbollah, un apoderado de Irán, lanzara cohetes contra Israel, lo que desencadenó una oleada de ataques de represalia por parte de las fuerzas israelíes.

La UE y su influencia, al menos sobre el papel

A su regreso, Andrews fue uno de los primeros legisladores europeos en pedir que la UE reactivara las sanciones contra Israel. Considera que Bruselas debe responder no solo a los ataques israelíes sobre Líbano, sino también a la violencia de colonos apoyada por el Estado en Cisjordania, a los ataques contra personal sanitario en Gaza y a la posible reintroducción de la pena de muerte para palestinos, después de la votación celebrada esta semana en la Knéset.

Un mes después del inicio de la guerra con Irán, la UE, uno de los aliados más estrechos de Israel y uno de sus socios económicos más importantes, no ha pasado de las palabras para intentar influir en el gobierno de Benjamin Netanyahu. Los críticos sostienen que Bruselas podría y debería utilizar sus herramientas económicas y diplomáticas. Andrews lo resumió con bastante claridad: cuando la Unión Europea adopta una posición de principios, los israelíes sí prestan atención.

La UE podría ejercer presión económica a través de su acuerdo de asociación con Israel, un pacto comercial y de cooperación que sostiene una relación comercial de 68.000 millones de euros y promueve la colaboración en ámbitos como la energía y la investigación científica.

Sven Kühn von Burgsdorff, representante de la UE ante los territorios palestinos hasta 2023, cree que Bruselas debería suspender ese acuerdo con Israel, detener toda ayuda militar y cortar el comercio con los asentamientos ilegales. Teme que, si la UE no actúa para defender el derecho internacional en Gaza y Cisjordania, su reputación quede "aún más seriamente dañada". Su diagnóstico fue directo: las habituales expresiones de preocupación y condena no bastan y no significan nada si no van seguidas de medidas eficaces para exigir responsabilidades a Israel.

Condenas verbales, consecuencias limitadas

Andrews dijo que la respuesta de la UE a la guerra contra Irán y a los ataques israelíes sobre Líbano había sido "débil y patética". A su juicio, esto demuestra una vez más que a Israel se le ha concedido una especie de permiso tácito para cometer "crímenes de guerra sin fin".

Por su parte, la Comisión Europea condenó la votación de la Knéset sobre la pena de muerte, que se aplicaría a palestinos pero no a extremistas judíos, calificándola de "muy preocupante" y de "un claro paso atrás". El Consejo de Europa, el organismo continental de derechos humanos que ha firmado 28 tratados con Israel, la describió como "un anacronismo jurídico incompatible con los estándares contemporáneos de derechos humanos".

Mientras tanto, los líderes occidentales han advertido a Israel contra una ofensiva terrestre en Líbano, al tiempo que condenaban los ataques de Hezbollah contra Israel. En las últimas cuatro semanas han muerto más de 1.240 personas en Líbano, entre ellas al menos 124 niños, y más de 1,1 millones se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Fuera del foco principal de las noticias, al menos 673 personas han muerto en Gaza desde el alto el fuego de octubre, lo que eleva el balance total de víctimas mortales en ese territorio devastado a 72.260.

Una vieja historia europea

La reticencia de la UE a adoptar medidas contra Israel no es precisamente una novedad. El pasado septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso sanciones sin precedentes contra Israel, citando la "hambruna provocada por el ser humano" en Gaza y "un intento claro de socavar la solución de dos Estados" con los planes de asentamientos en Cisjordania. Von der Leyen, conservadora alemana, había sido acusada antes de actuar como defensora poco crítica de Israel.

Su propuesta respondía a la enorme presión pública provocada por las atrocidades que se estaban desarrollando en Gaza, donde Israel es acusado de cometer genocidio, y a la petición de una amplia mayoría de Estados miembros de la UE para revisar el acuerdo de asociación del bloque. Pero las sanciones no lograron mayoría en el Consejo de Ministros de la UE y el impulso se desinfló cuando Trump anunció en octubre su plan de alto el fuego para Gaza.

Los países de la UE siguen preocupados por la gravísima situación humanitaria en Gaza y por la violencia implacable en Cisjordania, que se acusa al Estado israelí de facilitar. "Puede llegar un momento en que tengamos que aumentar de nuevo la presión sobre Israel", declaró a mediados de marzo un alto diplomático de la UE, que describió la situación en Gaza y Cisjordania como "muy problemática".

Según algunos diplomáticos, la respuesta inicial de la UE a la guerra fue prudente porque Israel y Estados Unidos tenían como objetivo a Irán, un régimen duramente condenado por Bruselas por masacrar a su propia población y por contribuir al desorden violento en Oriente Próximo y en Ucrania mediante el suministro de drones a Rusia.

Divisiones internas y cautelas estratégicas

Otro diplomático de la UE, favorable a la revisión del acuerdo de asociación en 2025, subrayó la importancia de mantener el contacto con la sociedad israelí. Citó una carta abierta firmada por 600 responsables de seguridad israelíes que pedían el fin de la guerra en Gaza el pasado agosto, cuando Israel estudiaba intensificar el conflicto en el territorio ya devastado. "No son pacifistas... son gente del aparato de seguridad israelí, muy preocupada por las políticas de su propio gobierno. La UE tiene que relacionarse con eso de una forma u otra", señaló.

Además, la UE lleva años dividida sobre Israel. Irlanda, España y Eslovenia han defendido con firmeza la causa palestina, mientras que Alemania y Austria, por razones históricas, han sido muy reacias a criticar a Israel. A eso se suma Hungría, donde el primer ministro Viktor Orbán, alma gemela ideológica de Netanyahu, ha desempeñado un papel clave al vetar medidas que en principio no habrían levantado gran polémica, como las sanciones contra colonos extremistas en Cisjordania.

Esta semana, un portavoz de la Comisión insistió en que el diálogo diplomático con Israel seguía en marcha y que eso es lo que Bruselas hace con sus socios habituales cuando no coinciden en la valoración de los acontecimientos.

Kühn von Burgsdorff, antiguo enviado de la UE, cree que hace falta una respuesta mucho más firme. "¿Cómo le conviene a Europa parecer el apoyo secundario de un presidente estadounidense errático, poco fiable y aparentemente megalómano, o de un primer ministro israelí belicista y anexionista?", preguntó. "Eso no puede estar en el interés de Europa, porque perjudica sus relaciones con otras partes del mundo".