Una ley que no sorprendió a casi nadie

Cuando Israel aprobó una ley de pena de muerte dirigida únicamente a palestinos, era difícil imaginar una ovación moderada en la extrema derecha israelí. Y, efectivamente, la hubo. Mientras buena parte de la comunidad internacional condenaba la medida con dureza, incluido el responsable de derechos humanos de la ONU, que la calificó como posible “crimen de guerra”, dentro de Israel apenas se escuchó una réplica con algo de peso.

Para organizaciones de derechos humanos y analistas israelíes, la norma no es un desvío inesperado, sino el último paso de una cadena de leyes que, según denuncian, han normalizado un sistema jurídico de apartheid. En ese marco, los palestinos quedan sometidos a una discriminación codificada que beneficia a sus vecinos y ocupantes israelíes. Qué detalle, por otra parte, que la arquitectura legal también tenga sus favoritos.

Qué cambia con la nueva ley

La nueva legislación establece que los tribunales militares de la Cisjordania ocupada, que juzgan únicamente a palestinos, impondrán por defecto la pena de muerte a quien sea declarado culpable por el sistema israelí de matar ilegalmente a un israelí cuando el tribunal considere que el acto fue “terrorismo”.

La otra cara del asunto es menos sutil. Cualquier ciudadano israelí acusado de matar ilegalmente en la Cisjordania ocupada, por ejemplo, en contextos de violencia de colonos, será juzgado en tribunales civiles israelíes. El texto no hace distinciones especialmente delicadas entre ambos grupos, pero el sistema sí.

Los datos de condenas ayudan a entender el paisaje. En los tribunales militares, las condenas a palestinos alcanzan el 99,74 %. En cambio, entre 2005 y 2024, la tasa de condena de israelíes juzgados por delitos cometidos en Cisjordania ronda el 3 %.

“No me sorprendió”

La diputada árabe Aida Touma-Suleiman, del partido izquierdista Hadash, dijo que la votación no le generó sorpresa. Su reacción fue abandonar el hemiciclo con visible disgusto.

“Sabía que habría escenas de alegría cuando se aprobara, y no quería estar allí para verlo”, explicó. Añadió que ya había tenido suficiente durante las tres semanas de deliberaciones previas.

Touma-Suleiman asumía que la celebración vendría de figuras abiertamente anti palestinas de la ultraderecha, como el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir. Lo que le resultó especialmente doloroso, dijo, fue comprobar que buena parte del público reaccionaba igual.

Un entramado legal que viene de lejos

Según organizaciones israelíes, la nueva ley encaja en una trayectoria más amplia de disposiciones legales que han consolidado la desigualdad entre palestinos e israelíes desde la creación de Israel en 1948, tras la expulsión y huida forzada de cientos de miles de palestinos de sus hogares.

Entre esas normas figuran:

  • La Ley de Propiedad de los Ausentes de 1950, que permitió confiscar tierras y viviendas de palestinos desplazados en 1948.
  • La Ley de Ciudadanía y Entrada en Israel de 2003, que en la práctica impide la reunificación de familias palestinas separadas por la ocupación israelí.
  • La Ley del Estado-nación de 2018, impulsada por Benjamin Netanyahu, que consagró la primacía legal judía en identidad, asentamientos y derechos colectivos, rebajó el estatus del árabe y estableció una preferencia constitucional por la autodeterminación judía.

Para Yair Dvir, de la organización israelí B’Tselem, no hay mucho misterio aquí.

“Fundamentalmente, esto es un régimen de apartheid”, afirmó. “Hay conjuntos enteros de leyes que diferencian entre judíos y palestinos. No es algo nuevo. Remite a la fundación de Israel en 1948 y al inicio de la ocupación de Cisjordania en 1967”.

Desde esa perspectiva, añadió, la nueva ley de pena de muerte no es una anomalía, sino la continuación lógica del sistema.

“Forma parte del sistema y de lo que compone la vida cotidiana de la gente aquí”, dijo. “Moldea la forma en que se entiende la realidad. No es un episodio extraordinario. Es solo un ejemplo extremo, negar a los palestinos el derecho a la vida, de lo que la mayoría en Israel acepta como normal”.

La deshumanización como política cotidiana

Otros analistas israelíes citados por Al Jazeera sostienen que la deshumanización de los palestinos ha avanzado hasta un punto en el que la pena capital no solo puede aprobarse con escasa oposición, sino celebrarse abiertamente por miembros del Parlamento.

Tirza Leibowitz, subdirectora de proyectos de Physicians for Human Rights - Israel, lo resumió así: la norma es “el último ejemplo de una serie de violaciones flagrantes del derecho internacional y de las propias leyes básicas de Israel, que al menos sirven de barniz democrático e igualitario”.

Leibowitz señaló que el problema no se limita a las condiciones de cárcel, donde miles de palestinos soportan tratos inhumanos y a menudo permanecen detenidos sin cargos. El problema, dijo, es un sistema legal que se niega a investigar delitos contra palestinos o que directamente protege los abusos, la tortura y la negligencia médica.

Actualmente hay más de 100 palestinos cuyas muertes en Cisjordania desde el inicio de la guerra genocida de Israel en Gaza, en octubre de 2023, siguen sin investigarse plenamente. Leibowitz citó el caso de Walid Ahmad, de 17 años, cuya muerte por inanición bajo custodia fue considerada “indeterminable” por un juez israelí.

También mencionó la retirada de cargos contra soldados acusados de abusar sexualmente de un detenido palestino en la prisión de Sde Temain en julio de 2024. Cuando se produjo la detención, manifestantes de extrema derecha, incluidos parlamentarios, asaltaron el centro en una muestra de apoyo a los soldados.

“Todo eso envía un mensaje”, dijo. “Normaliza, en la práctica, el abuso sistemático y la degradación de los palestinos”.

El mensaje final no era precisamente ambiguo

Touma-Suleiman tampoco quiso tratar la ley como un caso aislado. En su discurso parlamentario contra la norma, recordó la ley de 2018 que consagró a Israel como Estado nación judío.

Dijo que su reacción entonces fue la misma que ahora. Recordó también que, al salir del hemiciclo tras aquella votación, se encontró cara a cara con Netanyahu y le dijo que la historia lo recordaría como el fundador de Israel como estado de apartheid.

Según relató, él le respondió con una sonrisa y le dijo que debía sentirse afortunada de vivir en la única democracia de Oriente Medio.

Cuatro años después, durante las últimas elecciones generales, Touma-Suleiman volvió a ver esa democracia en acción. Contó que observó a Ben-Gvir haciendo campaña en un mercado de clase trabajadora, con la multitud detrás coreando “muerte a los árabes”. Ben-Gvir se giró y corrigió: “No. Muerte a los terroristas”, consciente de que, como político, no podía parecer que avalaba ese tipo de discurso.

“Él y sus aliados han aprobado ahora una ley que convierte ambas cosas en lo mismo”, concluyó.