Hamilton, escéptico antes de las reuniones clave

Lewis Hamilton no se muestra precisamente entusiasmado ante las conversaciones que la Fórmula 1 y la FIA celebrarán sobre las nuevas unidades de potencia y los cambios que podrían aplicarse. Su impresión es clara: los pilotos están prácticamente al margen.

Con la F1 afrontando ahora un mes sin carreras por la cancelación de los Grandes Premios de Bahréin y Arabia Saudí, la atención se ha desplazado hacia los problemas detectados en las tres primeras pruebas del año. Ese arranque ha dejado al descubierto varios puntos débiles del nuevo reglamento técnico, que ahora necesitan una revisión rápida. Qué sorpresa, la realidad siempre acaba imponiendo su pequeño dictamen.

Reuniones con los fabricantes, pero sin gran optimismo

Durante el parón de abril están previstas varias reuniones, incluidas conversaciones con los cinco fabricantes de unidades de potencia. Hamilton, siete veces campeón del mundo, no cree que el proceso vaya a producir resultados especialmente alentadores.

El británico explicó a los medios que no espera demasiado de la cita, aunque sí confía en que se introduzcan cambios importantes. Su preocupación es que haya demasiadas voces intentando dirigir la discusión al mismo tiempo.

Para Hamilton, el problema no es solo técnico, sino también político. Según él, los pilotos no tienen poder real en este tipo de debates: no forman parte del comité, no tienen voto y, en la práctica, quedan fuera de las decisiones que les afectan directamente.

Un debate con demasiados protagonistas

Hamilton resumió su sensación con una imagen bastante gráfica: habrá demasiados cocineros en la cocina. Y, como suele ocurrir cuando todo el mundo quiere mandar, el resultado no suele ser el mejor.

Sobre Ferrari y la referencia a Mercedes

El británico también se refirió específicamente a Ferrari, al considerar que el equipo italiano debe seguir trabajando para entender dónde está perdiendo terreno respecto al motor de Mercedes.

Hamilton señaló que Ferrari está claramente por detrás del propulsor de Mercedes, aunque no sabe aún si la diferencia se debe a un turbo más grande, a una mayor potencia en el cigüeñal o a otro elemento distinto. En cualquier caso, cree que la respuesta llegará cuando el equipo analice con más detalle su unidad de potencia.

Por ahora, el diagnóstico está claro: hay dudas técnicas, hay reuniones a la vista y, según Hamilton, los pilotos siguen sin tener una silla de verdad en la mesa. Un clásico del automovilismo moderno, que insiste en llamar consulta a lo que a menudo se parece bastante a un trámite.