Este texto resume informes y testimonios de agricultores y autoridades sobre la situación en Gaza tras el alto el fuego.

Qué es la “línea amarilla” y por qué importa

Después del alto el fuego, las fuerzas israelíes marcaron un trazado que identifican como la línea amarilla. Para el ejército es una franja de seguridad donde sitúan bloques de hormigón pintados de amarillo y donde mantienen despliegues militares. Las autoridades israelíes han dicho que la línea funciona como nueva frontera de facto entre Israel y Gaza, y han dejado claro, con órdenes y mensajes oficiales, que cualquier intento de cruzarla puede recibir fuego directo.

Historias de agricultores

Enad trabajaba ocho dunams de tierra plantando malva, pimientos, cebollas y berenjenas. Cuando los tanques llegaron a Beit Lahia tuvo que huir. Hoy se queda en el borde de la línea amarilla mirando hacia sus parcelas, con las manos llenas de barro y la incertidumbre por delante.

Yassin posee 17 dunams a un kilómetro de la antigua frontera de Gaza. Sus limoneros, olivos y parras quedaron arrasados por maquinaria y bombardeos. Dice que la casa puede reconstruirse en meses, pero los árboles tardan décadas en volver a producir. Por eso teme que lo que se planteó como una medida temporal acabe siendo permanente y su tierra quede fuera del acceso civil.

Nofal y Khaled muestran dos actitudes que se repiten entre los campesinos. Nofal espera que la siguiente fase del acuerdo le permita volver a cultivar y sueña con volver a plantar cebollas y patatas. Khaled, por su parte, planta apenas a 50 metros de la línea, regando con cubos y cavando a mano. Dice que no se rinde, aunque sabe que acercarse puede ser mortal.

Cómo ha afectado esto a la agricultura

Gran parte de las tierras que antes alimentaban a Gaza quedaron detrás de la línea amarilla. Antes del conflicto, la franja agrícola ocupaba 195.000 dunams. Casi la mitad estaba dedicada a una gran variedad de hortalizas y el resto a cereales y frutales.

Según datos oficiales citados en reportes, antes de la guerra el sector agrícola representaba cerca del 11% del producto interior bruto de Gaza, con un valor de producción estimado en 343 millones de dólares. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura señalaba que unas 560.000 personas trabajaban en agricultura a tiempo completo o parcial. Hoy muchas de esas personas están sin trabajo.

Los informes indican que alrededor del 94% de las tierras agrícolas han quedado inutilizables por bombardeos, paso de maquinaria o porque están situadas detrás de la línea amarilla. Solo queda accesible cerca del 6% de la superficie agrícola previa, concentrada en zonas occidentales de la franja.

Consecuencias en la comida y en los precios

Antes del conflicto, Gaza llegaba a ser autosuficiente en hortalizas y exportaba excedentes. Ahora el déficit de producción supera el 85%, según responsables del área agrícola, y los precios han subido de forma pronunciada. La pérdida de huertos y la destrucción del suelo por maquinaria pesada han dañado la fertilidad y eliminado microorganismos esenciales para que la tierra vuelva a producir con normalidad.

La línea amarilla como frontera de facto

Altos mandos militares han descrito la línea amarilla como una frontera operativa entre territorios controlados y no controlados. Estas declaraciones aumentan la sensación entre los agricultores de que la franja no solo es una medida temporal de seguridad, sino un cambio permanente en el acceso a la tierra.

Expertos en desarrollo agrícola y responsables del ministerio local han denunciado acciones sistemáticas que afectaron cultivos, redes de riego, invernaderos y pozos de agua, además de limitar la entrada de semillas y fertilizantes. Para ellos no se trata solo de daños colaterales, sino de una campaña que ha golpeado la columna vertebral de la producción local.

Qué queda detrás de la línea amarilla

Los mapas y observaciones aéreas muestran que las zonas detrás de la línea aparecen como áreas despejadas, con escombros y posiciones militares. La franja afecta a pueblos y sectores de Beit Hanoun, Jabalia, Beit Lahia, partes del este de Gaza City, Khan Yunis y Rafah. En conjunto, se calcula que unas 130.000 dunams de tierra agrícola están en esta llamada "Gaza oriental".

Los responsables del gobierno local detallan una distribución aproximada: 30.000 dunams a lo largo de la frontera oriental, 35.000 en Beit Lahia, Beit Hanoun y Jabalia, al menos 25.000 en Rafah y 40.000 en Khan Yunis. Muchas fincas, instalaciones de ganadería y puntos de riego fueron destruidos o quedaron inaccesibles.

Pequeñas resistencias y grandes pérdidas

Hay agricultores que aún intentan plantar con herramientas sencillas y regadío manual. Lo hacen sabiendo que el riesgo de ser disparados existe y que los recursos son mínimos. Sus acciones son testimonio de la insistencia por mantener una forma de vida que, si sobreviene la retirada militar, podría ayudar a recuperar parte de la producción local.

Pero en el panorama actual la combinación de pérdida de tierra cultivable, daño al suelo y prohibición de acceso ha convertido los productos que antes eran cotidianos en bienes escasos. La recuperación requiere tiempo, inversión y, sobre todo, acceso seguro a las tierras afectadas.

Resumen final

La línea amarilla ha transformado el mapa agrícola de Gaza. Lo que antes alimentaba a la población ahora está en manos de una zona militarizada. Esto ha provocado pérdida de cosechas, desempleo en el campo y un aumento de la dependencia de alimentos importados. Mientras algunos agricultores esperan volver, otros ya han visto cómo su tierra dejaba de ser suya.