La historia de la gasa suena casi poética: la palabra inglesa gauze podría derivar del nombre Gaza. Hoy eso tiene una ironía amarga. En Al-Shifa, el principal complejo hospitalario de la Franja, la gasa es un recurso que se cuenta gota a gota. Sin ese elemento básico, las heridas se infectan, las infecciones avanzan y a veces la única solución termina siendo una amputación.
Escasez que convierte lo simple en mortal
La falta de gasas no es un problema menor. Una herida sin vendaje limpio se convierte en un caldo de cultivo para bacterias. Sin antibióticos suficientes, las infecciones que se podrían prevenir progresan hasta afectar huesos y órganos. Médicos que trabajaron en Al-Shifa, entre ellos Nahreen Ahmed, describen cómo todo empezó con la ausencia de gasas y se agravó por la falta de medicación.
Consecuencias prácticas
- Pacientes dados de alta sin vendajes adecuados vuelven a tiendas de campaña llenas de barro y agua.
- Infecciones que podrían tratarse se transforman en amputaciones o muertes evitables.
- El sistema de salud opera con menos de la mitad de sus hospitales totalmente funcionales.
Entrada de personal y bloqueo de suministros
Tras los meses más duros del conflicto, se abrió la posibilidad de que personal médico extranjero entrara a Gaza. La realidad fue contradictoria: médicos pudieron pasar, pero no siempre el material que necesitaban. Algunos relatos cuentan que, frente a controles cambiantes y arbitrarios, voluntarios se vieron obligados a meter equipos y medicinas en su equipaje personal.
Casos concretos relatados por médicos:
- Mark Perlmutter compró instrumentos quirúrgicos y tornillos para cirugía de manos, y sus suministros se agotaron en una semana.
- Feroze Sidhwa y otros admiten haber escondido medicinas y equipos entre pertenencias personales para poder atender emergencias.
- Nahreen Ahmed cuenta haber introducido desde baterías hasta cochleares camuflados, y medicamentos en bolsas con hielo para intentar conservarlos.
Las autoridades encargadas de coordinar el paso de material dijeron que la supervisión se hacía por razones de seguridad y que los equipos no coordinados eran confiscados. Médicos y voluntarios denuncian que esas decisiones, intencionales o no, interfieren gravemente en la entrega de atención sanitaria.
Al-Shifa hoy: entre ruinas y cuidados
El hospital sufrió asaltos anteriores que dejaron partes del complejo dañadas y con polvo que filtra a los pulmones de pacientes y personal. Desde el cese de hostilidades se han hecho reparaciones parciales. Aun así, el lugar es descrito como una sombra de lo que fue. La pediatría crítica pudo reabrir, pero faltan guantes, batas y mascarillas suficientes para crear entornos estériles.
La plantilla médica está diezmada. Muchos médicos sénior evacuaron, fueron detenidos o murieron. El personal que queda, a menudo jóvenes residentes, toma decisiones imposibles a diario y sufre un desgaste emocional enorme.
El coste humano dentro del hospital
Los profesionales que trabajan en Al-Shifa relatan escenas que no se olvidan: colegas heridos, detenciones, y el trauma de ver a pacientes morir por causas tratables. El silencio entre las ruinas deja espacio para que la memoria y la fatiga emocional se instalen.
Historias que ilustran la situación
Algunos casos concretos muestran la paradoja del cuidado: una niña de 14 años llegó con heridas de metralla; los médicos le salvaron la vida, usaron parte de las pocas gasas disponibles y la dieron de alta. Su hogar era una tienda inundada por el barro y la desnutrición la dejó en una condición frágil para recuperarse.
Otro ejemplo trágico: jóvenes acercándose a la llamada "línea amarilla" resultan heridos por fuego esporádico. Aunque la intensidad de los ataques bajó, los incidentes siguen ocurriendo y siguen generando víctimas.
Cifras y restricciones
- Solo una porción de los hospitales de la Franja funciona de forma habitual.
- El número oficial de fallecidos supera decenas de miles, y expertos advierten que puede ser una subestimación.
- Tras la apertura parcial de algunos pasos fronterizos, se permitió la salida de un número muy limitado de pacientes, mientras que muchos otros no pudieron salir o recibir atención fuera de Gaza.
Periodismo y acceso
El acceso de periodistas extranjeros a Gaza ha sido extremadamente limitado. Periodistas locales han pagado un precio altísimo por contar la situación. La ausencia de medios internacionales complica la verificación independiente y deja muchas historias en manos de reporteros que operan bajo riesgo.
Resiliencia y vida cotidiana
A pesar de la destrucción y la violencia, quienes viven en Gaza intentan mantener rutinas y dignidad. Profesionales de la salud jóvenes, estudiantes y técnicos cuentan que, a pesar del agotamiento, siguen encontrando momentos para sostenerse entre ellos y ofrecer cuidados. Esa capacidad de seguir viviendo y atenderse mutuamente es lo que algunos trabajadores describen como una forma de resistencia silenciosa.
Reflexión final
El cese de hostilidades no significó el fin del sufrimiento ni la vuelta a la normalidad. La guerra, entiéndase no solo por los disparos sino por las políticas y controles que restringen suministros vitales, continúa afectando la salud pública. En Al-Shifa la batalla actual se libra contra la ausencia de lo básico: gasas, antibióticos, equipos. Mientras tanto, médicos locales y voluntarios extranjeros intentan salvar vidas con lo poco que queda, y la población sigue enfrentando un futuro lleno de incertidumbre.
Algunos nombres y relatos provienen de testimonios de profesionales médicos que trabajaron dentro de Gaza y describen la situación desde la experiencia directa.