Que una figura conocida de Washington hablara por meses con Jeffrey Epstein suena a guion de serie negra política. Pero fue real, burocrático y, en ocasiones, bastante cotidiano: correos sobre campañas de terceros, consejos de comunicación y un par de encuentros en persona. Todo eso consta en los archivos del Departamento de Justicia.

Una relación profesional con matices extraños

Juleanna Glover, antigua asesora en la Casa Blanca de George W. Bush y consultora de ejecutivos, describe su vínculo con Epstein como limitado: ella dice haberle enviado 31 correos, participado en dos reuniones y hecho tres llamadas. Según su contabilidad, 12 mensajes trataron de logística y 15 de asuntos vinculados a Tesla. También asegura que Epstein nunca fue cliente suyo y que ella no aceptó nada de valor.

Las notas y mensajes entre ambos muestran, sin embargo, que la relación fue más que un intercambio educado: hubo intentos de reintroducir a Epstein en círculos respetables, conversaciones sobre cómo presentar a clientes ante la prensa y un interés mutuo en usar contactos para mover asuntos políticos y empresariales.

El cruce con Musk: Saudíes, privatizaciones y lecciones sobre drogas

En 2017 Glover estaba ligada profesionalmente a Elon Musk y, en medio del tenso intento de privatizar Tesla, contactó a Epstein con la esperanza de que este pudiera influir sobre fondos soberanos saudíes. Le ofreció información disponible públicamente para que Epstein «aconsejara» a interesados en apoyar la operación. No hay pruebas en los archivos de contactos directos entre Epstein y los saudíes por este asunto.

Epstein respondió con opiniones sobre Musk y hasta con sugerencias de nombres para la junta de Tesla, proponiendo a figuras como Larry Summers y Kathy Ruemmler, y ofreció una propuesta desafortunada al mencionar a Margaret Thatcher sin darse cuenta de que había fallecido años antes. También dio consejos sobre cómo hablar con periodistas del New York Times que investigaban a Musk.

La correspondencia contiene además intercambio sobre rumores de consumo de drogas de Musk. Glover defendió públicamente a su cliente en ese momento; unos meses después Musk fumó marihuana en directo en un popular programa, para vergüenza de muchos PR.

Un intento de rehabilitación con etiqueta «pro‑democracia»

Más allá de asuntos corporativos, Glover intentó presentar a Epstein a líderes de una organización pro‑democracia. Concertó una reunión telefónica entre Epstein y Michael Abramowitz, entonces al frente de Freedom House. El encuentro fue breve; Freedom House nunca aceptó fondos de Epstein y la conversación no prosperó en donaciones significativas.

Glover ha dicho que su objetivo era orientar a Epstein hacia donaciones en apoyo a causas democráticas en Rusia y Europa del Este, especialmente en un contexto de protestas y preocupaciones sobre la interferencia rusa. Según ella, sugirió esos vínculos pensando en el bien público, aunque luego pidió disculpas a los responsables de Freedom House por haberlos conectado con Epstein.

Michael Wolff, la caza de material sobre Trump y la idea de hacerlo hablar

El periodista Michael Wolff fue el intermediario que presentó a Glover y Epstein. Wolff, que había mostrado interés en que Epstein comentara aspectos comprometedores sobre Donald Trump, pensó que Glover podría persuadir a Epstein para que hablara con periodistas de peso, como Jim Stewart del New York Times.

Glover sostiene que su implicación tuvo un objetivo político: buscar información que pudiera perjudicar la reelección de Trump. Pero en los archivos no aparece un correo en el que ella le solicite expresamente a Epstein pruebas contra Trump. Algunos colaboradores y consultores anti‑Trump confirman que se intentó averiguar si Epstein tenía información útil.

«Cuidado con Steve Bannon»

Uno de los pasajes más llamativos del intercambio es la advertencia que Glover le dio a Epstein sobre Steve Bannon. Tras enterarse de que Epstein tenía contacto con Bannon, Glover le escribió que Bannon tenía una naturaleza «malsana, manipuladora y vengativa» y que acercarse a él solo le traería problemas. Epstein dijo que tomaría el consejo, pero siguió manteniendo relación con Bannon.

La correspondencia también recoge conversaciones sobre ideas políticas poco comunes, como combinaciones de tickets presidenciales improbables, que ambos comentaban con cierto tono de brainstorming.

El final conocido

El último rastro de intercambio figura en marzo de 2019, cuando Epstein envió a Glover una carta de sus abogados defendiendo su caso y minimizando el número de mujeres implicadas. Ella no respondió. Epstein fue arrestado más tarde ese año y murió por suicidio en una celda de Nueva York el 10 de agosto de 2019.

En conjunto, estos papeles confirman algo incómodo: muchas personas influyentes trataron a Epstein como a un donante o contacto más a quien «cortejar», a pesar de su condena previa y su mala fama. El episodio es un recordatorio de lo permeable que puede ser el mundo del poder cuando se mezclan dinero, influencia y segundas oportunidades mal elegidas.

Nota: La reconstrucción se basa en la revisión de correos y registros incluidos en los archivos públicos examinados por medios. Las partes incluyen afirmaciones y aclaraciones hechas por las personas implicadas.